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  N Reo West
REO WEST
(Argentina - )



Reo West. Argentino. Autodidacta. Autor de 5 libros (3 novelas de “non fiction” y 2 libros de cuentos), y un guión de cine. Periodista de investigación. Responsable del blog Peloybarba Herald y realizador de videos.

Independiente y reacio a concursos o reconocimientos prefiere la autogestión y la comercialización directa de su obra como una forma de no estar sujeto a nada ni a nadie. Su primera novela “Una rosa para Junior” le valió más de un dolor de cabeza. Desde amenazas hasta tener que declarar como testigo en la causa que generó la muerte del hijo del ex presidente Carlos Menem, además de sufrir la censura y el retiro de 3000 ejemplares de los puntos de venta. Esta obra puede leerse en su blog.

Su última novela “Los días amargos” relata sus vivencias en épocas dictatoriales en el Paraguay de Strossner teniendo como trasfondo el Plan Cóndor y el asesinato del ex dictador nicaragüense Anastasio “Tachito” Somoza.

Su última novela “Los días amargos” relata sus vivencias en épocas dictatoriales en el Paraguay de Strossner teniendo como trasfondo el Plan Cóndor y el asesinato del ex dictador nicaragüense Anastasio “Tachito” Somoza.


EL ESTRELLERO (CUENTO)
De su cuentario “Non fiction, el infierno al oeste”
 
¡Sos un hijo de puta! - Me increpó La Negra haciendo sonar el vaso sobre el mostrador.
 
-  Vos ya sabías que salía con otra.
-  No me importa... ¡Sos un reverendo hijo de puta!
-  Estás borracha.
-  ¡Andá a la puta que te parió!
- ¡Callate buchona! - le dije sin medir las consecuencias de aquella afirmación. Yo también estaba medio escabio y dije en voz alto lo que venía rumiando desde que me enteré que era buchona del jefe de calle.
-  ¿Qué decís?
Los ojos de La Negra se achicaron de odio. La boca se le desfiguró, mientras todo el mundo enmudecía. El amanecer se congeló alrededor nuestro y las miradas se concentraron en la escena brusca que allí comenzaba a magnificarse. Petaín, el bar que nos cobijaba del frio exterior, se petrificó por unos instantes.
- Lo que escuchaste. - Mi orgullo no me permitió apaciguar las aguas y fui por más. - Si todo el mundo sabe que sos buche del Zurdo. Que te encamás por faso...
-  ¡Quién te lo dijo?
-  Averigualo. No soy como vos.
- Hablá maricón o te parto el vaso en la frente! - profirió amenazante.
-  Preguntale a tus amiguitos. Fue uno de ellos. - Respondí tocado en mi hombría por la afrenta que caló hondo en los oídos de los parroquianos que se acomodaban en sus mesas para ver el desenlace que no se hizo esperar.
¡Zas! La piña me cerró el ojo. Salté de la banqueta para esquivar lo que se venía cuando la mano salvadora de un desconocido se interpuso entre el vaso y mi anatomía. Sólo escuché el vidrio astillándose contra el piso y la voz mediadora que se corporizaba entre ambos.
- Chicos, chicos... tranquilícense - A ver. ¿por qué no me cuentan qué les pasa?.
Y todo se calmó. Como si una energía extraña se apoderara de nosotros volvimos a nuestros asientos apaciguados.
El hombre, de una mirada acuosa y voz armoniosa, escuchó atentamente las dos campanas. Y mientras lo hacía dibujaba símbolos y números con el dedo impregnado de ginebra sobre la fórmica del mostrador que se evaporaban con el tufo del ambiente. Luego agregó: "Si me invitan otra ginebra les adivino el futuro".
- ¿Y por qué no? - respondimos a dúo con La Negra que ya había vuelto a agrandar sus ojos marrones mientras modelaba su mejor sonrisa entusiasmada.
El desconocido hizo que la mano de mi amiga se posara sobre su frente. Vació medio vaso de ginebra de un trago y eructó. Los ojos se le blanquearon y respiró profundo. Una, dos, tres veces y le dijo:
-  Morocha, cuidate la sangre...
Eso es todo lo que le dijo, o lo que yo recuerdo haberle escuchado musitar.
Llegó mi turno. Apoyé la mano sobre la frente arrugada y sentí un fuego. Quise retirarla pero la retuvo con firmeza.
- Y vos, acuariano... - Cómo mierda supo mi signo jamás lo sabré - ... Sepultá a tus muertos, alejate de los miedos y dale forma a tus fantasmas...
- No comprendo... - dije azorado.
- Escribí, pibe. Escribí...
Luego desapareció y nunca más supimos de él.
 
Veinte años después, volviendo al oeste, me contaron que La Negra, La Negra turbulenta que amé por aquel entonces, había fallecido de sida. Y yo comenzaba a darle forma definitiva a los papeles que venía garabateando hace rato... ¡La puta que me parió!...


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Comentarios hacia esta página:
Comentado por Piruloco, 01-08-2014, 00:22 (UTC):
No te escribís nada, chabonazo! Yo también soy adivino y sé que vos sos bostero y del gallito.
Qué la parío, qué la parió! Contá la vida del Tunga, contá!



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