metapoesía
ahora es
LASPOESIAS.COM

ENTRAR
*Puedes seguir visualizando el contenido deslizando la barra lateral































































































































































          
































































































































































































































































































































   
 
  N Rufino Mesa Vazquez
RUFINO MESA VÁSQUEZ
(Badajoz, España - 1948 - )


Rufino Mesa Vázquez. Escultor, profesor, dibujante y escritor.
Nace en un pueblo de Extremadura, Valle de Santa Ana (Badajoz), el 13 de febrero de 1948.
Estudia Delineación y posteriorment se licencia en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona (1976); tambiénrealizaestudios de Historia del Arte en la Facultad de Geografía e Historia, además de cinema y televisión en el Instituto del Teatro de la mismaciudad. En 2006 obtiene el doctorado con un excelentecum laude por la Universidad de Barcelona. Tesis doctoral: Anell de pedra
(1997-2006).
Fue director de la Escola Taller d’Art de Reus entre los años 1980 y 1990, y profesor de escultura en la mismaescuela. Actualmente es profesor de fotografía en la Escola
d’Art i Disseny de la Diputación de Tarragona.


Relatos publicados en el blog http://laspiedrascantan.blogspot.com/


María la Náyade

María se sentía extraña y complacida dentro de su menudito cuerpo; en él era el flujo de un sueño húmedo y placentero. Se acariciaba con suavidad y se amaba con devoción permanente. Cada día dedicaba varias horas en maquillarse, cuidarse y disfrutar con sensualidad sus propios sentidos. Ante el espejo miraba sus ojos y veía en ellos la profundidad del cielo. Pensaba que su saliva le alimentaba y que era un elixir que le ayudaba a mantenerse bella como una Náyade. Descubría cada día que no podía vivir fuera de aquellas sensaciones acuosas; lo que sentía era la voz del mundo y en su contemplación empezaba y terminaba todo lo que había en su mente. Salir de ellos era la consumación del destino, por este motivo no dejaba ni un instante el pensamiento en libertad. No se permitía ninguna reflexión que no fuera fruto destilado de manos, ojos, boca y oídos. Tenía presente que esos eran los sensores de su existencia y dentro de ellos fluía como un manantial eterno...

Un día contempló emocionada un río carmesí: la alfombra de las estrellas. Le llamó la atención aquello de disolverse entre aplausos, hacerse inmortal en el luminoso suceder de las miradas ajenas.

¡Fue el final de todo!

Miró de frente el sol radiante de los flashes; durante varias horas contempló sin parpadear su imagen glamorosa. Se sintió el centro del deseo, la luz de la esperanza, el perfume destilado de universos misteriosos. ¡Por un instante fue la espuma dorada del mundo!

Una luz intensa entró por sus ojos y quedó sumergida en la oscuridad permanente. Sin rendirse pensó que tenía otros sentidos, que entre los más etéreos le quedaba el olfato y empezó a esnifar mandinga, papuza, gilada. perico, grasa, merca, camerusa, pala, pichi, sniper, tecla, fernancha, catimba, milanga, bolita, farla, malanga, sablazo, quipito, triqui, ¡en fin…!, se destrozó la nariz y la mente…
Así continuó y en muy poco tiempo agotó cada uno de los sentidos, uno a uno los fue borrando hasta quedar disuelta en una mancha oscura.

Sólo quedó el rocío del aire…
¡El leve rumor del río!


Aliento


Con mirada penetrante y aflicción en el pecho, Lucía contempló por la ventana los colores del alba. Al otro lado de la calle llegó el frío con la caída de las sombras. Recostado en un pórtico, Jacinto José la observaba con ojos suplicantes, tembloroso e inmóvil.
El aliento de Lucía tejió un velo húmedo sobre el cristal, sobre su niebla escribió con el dedo lo que extensamente ya se habían dicho:
−¡ante la tierra… estamos solos! −
Jacinto José dejó ir entre las manos un susurro terminal y resignado. Libremente sopló en su hueco un quejido inaudible, aliento que dejó vacía su mente e inactiva su médula espinal; lamento informe que Lucía guardó hasta el final de sus días.
Con desvelo conservo la piedra donde se encuentra;
¡es mi dolor, es mi tesoro!
…sonaja que espero entre suspiros…

¡En ocasiones pienso que por la luz de los ojos pudo haberse liberado!


El nombre

Tenia los ojos verdes, los labios carnosos, el cuello esbelto, las proporciones del rostro ajustadas y una cabellera dorada y abundante. Trabajaba como vendedora de la suerte y siempre permanecía sentada; sonreía y cobraba.

Él no era ni joven ni atractivo, peinaba canas hacía años. La primera vez que la vio quedó fuertemente impresionado. A partir de aquel día apareció por allí para encontrarla, siempre a la misma hora y con una escusa en los labios. Su fortuna era estar con ella un instante, ¡tan sólo por un instante!

Entre ellos surgió una pasión misteriosa y completa que no llegó a consumarse nunca pero que estableció uniones de acero… Sus pensamientos se encontraban ajustados en sincronía perfecta y la necesidad del encuentro era ya una cuestión vital en sus vidas... ¡Así pasaron treinta años!
Entre pequeños intercambios diarios se expresaron infinidad de matices y requiebros, pinceladas que definieron el ser e iluminaron los lugares más recónditos del alma. Fue tan preciosa la aventura que pocas personas habían conseguido calar tan hondo antes que ellos. Con frases entrecortadas y miradas furtivas se comunicaban y llegaron a comprenderse como nadie antes lo hizo…

¡Lo sabían todo el uno del otro!

Un día él dejó de asistir y ella quedó desamparada. No dejaba de pensar en él, no podía dormir y no tenía el consuelo de poder recordar el contacto de su piel. Eso la martirizaba y  se reprochaba no haber tocado su mano aunque fuera de manera furtiva.
El día siguiente tampoco apareció, entonces se levantó y empezó a preguntar al resto del personal, a los vecinos y clientes…

¡Temió lo peor!

Describió el rostro del amado con multitud de detalles; sus formas de vestir, los gestos de las manos, el tono de voz, el aire luminoso y sabio… Alumbró su recuerdo con las historias que él le había regalado, uno a uno las fue relatando, pero no pudo recordar ni su aliento ni su nombre…

Pensó que no podía seguir vendiendo suerte y se sentó a esperar. Lo hizo en el petril de su casa y allí se quedó dormida...
Así la encontraron millones de años después; era una forma fósil en el fondo de una quebrada…


II Encuentro

Un día de primavera, confundido entre las luces del alba, lo encontró encaramado en una piedra. Firme como un vigía, rápido y preciso, hacía girar en el aire un paraguas plegado. Con él ahuyentaba las tinieblas y con el brazo extendido y la mano entreabierta acariciaba los rayos del sol. Los dejaba pasar a capricho y en ocasiones los atrapaba para beberlos más tarde a sorbos chiquitos.

¡Era una visión insólita, quizá extraordinaria!

Allí danzaba de manera compulsiva; como un poseído saltaba, subía y bajaba sin cesar y a su vez, lanzaba al aire puñados de tierra para que el viento la esparciera como calima. Encorvado pero fuerte, pesado y frágil de corazón, se movía como un danzarín inspirado.
Ella lo miró con atención y vio en él el sembrador de sueños; también el que demanda permanentemente sin ser atendido. Le preguntó con un chasquido inaudible en los ojos.

-¿Qué sueñas tan de mañana?-

-A lo que él contestó-


Busco a la madre tantas veces vaciada... ¿?
¡Ahora se trata del nacimiento de un ser con la mente enfocada…!

Aunque madura, ella tenia todos los atributos para seducir al instante; sacó del blusón un pecho turgente y teniendo invertida la mano, apretó con el índice y el pulgar el botón del pecho izquierdo. Al instante, de él surgió un chorro de leche cálida y fresca que trazó una elipse preciosa en el aire. El hilo blanco surcó espacios inconfesables y fue a parar a los labios del fundidor de los limbos, atravesó la garganta y encendió todos los fuegos internos…

No hace falta relatar nada más: él tomó el néctar de su cuerpo, lo destiló en la sangre y quedó seducido al instante. Su cuerpo se transmutó en las semillas del mirto; ya conocéis, las que quedaron ocultas en el surco... ¡memorias de un hecho ya relatado!


http://laspiedrascantan.blogspot.com/
http://fenixlacomella.blogspot.com/
http://comellapresentida.blogspot.com/
http://generacionblanca.blogspot.com/
http://cenizaytierra.blogspot.com/2011/06/alba-v.html


Volver a Narrativa
Poesía Contemporánea







Añadir comentario acerca de esta página:
Tu nombre:
Tu mensaje:
PORTAL DE POESIA
 



Las poesias
ENLAZANOS - HELP ME - S.O.S.
 
¿Te gusta lo que hacemos?
Ayúdanos pegando este logo en tu sitio
Portal de Poesia Contemporanea
Poesia Contemporanea
Recomendado