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  Reflexiones

REFLEXIONES, FRASES CÉLEBRES


Reflexiones, frases célebres
 

Buda y el asesino

"En cierta ocasión, Buda se vio amenazado por un bandido llamado Anglulimal.
Se bueno, le dijo Buda, y ayúdame a cumplir mi último deseo.
Corta una rama de ese árbol.
Con un golpe de su espada, el bandido hizo lo que le pedía Buda.
¿Y ahora, qué?,  le preguntó a continuación.
Ponla de nuevo en su sitio, dijo Buda.
El bandido soltó una carcajada :
¡ Debes estar loco si piensas que alguien puede hacer semejante cosa!
Al contrario, le dijo Buda.
Eres tu el loco al pensar que eres poderoso porque puedes herir y destruir.   

Eso es cosa de niños.

El Poderoso es el que sabe crear y curar"


Rico y pobre
Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita.

Cuando el último árbol haya sido talado
"Cuando el último árbol haya sido talado,
el último animal haya sido cazado
y el último pez haya sido pescado,
solo entonces, el hombre blanco entenderá que el dinero no se puede comer"

PROFECÍA DE LOS NAVAJOS DE NORTEAMÉRICA

Pérdidas
El que no está dispuesto a perderlo todo no está preparado para ganar nada.

La sangre de la tierra
"El petróleo es la sangre de la madre tierra. cuando el hombre blanco haya acabado con él, vendrá el desastre."

PROFECÍA DE LOS INDÍGENAS U´WA DE COLOMBIA

Los peligrosos
Solamente le tengo miedo a los pendejos ¿por qué? Porque son muchos, no se puede cubrir un frente tan amplio.


Una insensata búsqueda
Una mujer estaba buscando algo en el suelo junto a un farol. Pasó por allí un hombre y se paró, curioso, a observar a la mujer, que afanosamente buscaba y buscaba. Intrigado, después de un rato, el hombre preguntó:
-Buena mujer, perdona que me inmiscuya en tus asuntos, pero ¿podrías decirme que buscas?
Y la mujer repuso:
-Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz he venido a buscarla junto a este farol.
Como esa mujer proceden muchos seres humanos. En lugar de buscar dentro de ellos mismos (donde mora el más verdadero gurú, el paraíso interno, la respuesta), buscan fuera de ellos lo que jamás podrán hallar fuera.

Sé como un muerto
El maestro le dice al discípulo:
-Acércate al cementerio. Una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.
El discípulo se dirige al cementerio. Una vez allí, comienza a decir toda suerte de elogios a los muertos y después regresa junto al maestro.
-¿Qué dijeron los muertos? -pregunta el maestro.
-No respondieron -contesta el discípulo.
Y el maestro le ordena ahora:
-Volverás al cementerio y soltarás toda clase de insultos a los muertos.
El discípulo acude de nuevo al cementerio y sigue las instrucciones del maestro. Vocifera toda suerte de imprecaciones contra los muertos y después se reúne con el maestro.
-¿Qué dijeron los muertos? -pregunta por segunda vez el maestro.
-No respondieron -con, testa el discípulo.
Y el maestro concluye:
-Así debes ser tú: indiferente como un muerto ante los halagos o los insultos de las otras personas.

La familia y el burro
Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro. Decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo. Así, se fueron los tres con su burro. Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba:

“Mira ese chico mal educado; él arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas”

Entonces, la mujer le dijo a su esposo:

“No permitamos que la gente hable mal del niño.”

El esposo lo bajó y se subió él. Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba:

“Mira qué sinvergüenza ese tipo; deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima”.

Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro, mientras padre e hijo tiraban de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba:

“Pobre Hombre…. Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! y pobre hijo ¡qué le espera con esa madre!”

Se pusieron de acuerdo y decidieron subir los tres al burro para comenzar nuevamente su peregrinaje. Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían:

“Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!”

Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro.Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes:

“Mira a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos”

Las pruebas del maestro hacia su discípulo
Una vez, un maestro dio a su discípulo una roca y le pidió que tallase una imagen. El discípulo, obediente, renunciando a alimentarse y a dormir, se puso manos a la obra a hacer la talla. Cuando terminó, se  la trajo al maestro y la ofreció a sus pies. Se quedó humildemente a un lado con las manos juntas y la cabeza inclinada. El maestro miró la escultura, la tomó en sus manos y la arrojó a lo lejos, rompiéndose en mil pedazos. 
'¿Es éste el modo de tallar una imagen? -preguntó colérico.
El discípulo miró los pedazos y pensó, 'no ha pronunciado una palabra amable aunque me he esforzado durante días sin comer ni dormir'. Conociendo sus pensamientos, el maestro le dio otra piedra y le pidió que comenzara de nuevo a tallar otra imagen. 
El discípulo se alejó con la piedra e hizo otra imagen más hermosa que la primera. De nuevo, se acercó al maestro, pensando que esta vez, seguro, estaría complacido. Pero tan pronto como el maestro vio la imagen, su rostro enrojeció. '¿Te estás riendo de mí? ¡Esta es peor que la anterior!' Y de nuevo rompió la imagen.
Miró al discípulo que permanecía de pie, con la cabeza inclinada humildemente.  Esta vez el discípulo no sintió resentimiento alguno hacia el maestro, pero sintió cierta tristeza.
El maestro le entregó otra piedra pidiéndole que la tallase de nuevo. El discípulo esculpió la nueva imagen con mucho cuidado. Era una gran obra de arte, que entregó a los pies del maestro. Pero el maestro la tomó y la hizo añicos mientras reñía severamente al discípulo.  Esta vez no se sintió enfadado ni triste. Pensó, 'si este es el deseo de mi maestro, que así sea. Todo lo que hace es por mi bien.' Tal era su actitud de rendición en ese momento.
El maestro aún le dio otra piedra. El discípulo la aceptó con alegría y regresó con otra imagen excepcionalmente bella. El maestro la rompió igualmente. Pero ello no produjo ningún cambio en el ánimo del discípulo. El maestro estaba muy complacido. Puso las manos sobre la cabeza del discípulo y le bendijo.
***
Un observador de las acciones del maestro habría pensado probablemente que era cruel o incluso loco. Solo el maestro y el discípulo que se había rendido a él por completo sabían lo que estaba sucediendo. El maestro hizo pasar al discípulo por numerosas pruebas, para moldearle adecuadamente. Cada vez que el maestro rompía la imagen que le traía , estaba esculpiendo una verdadera imagen en su corazón.  Lo que rompía era su ego. Solo un satgurú puede hacer esto y solo un verdadero discípulo puede saborear la bienaventuranza que ello contiene.





*Las reflexiones son extraidas de diversas fuentes, bien populares o conocidas por su amplia difusión.


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