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  Sergio Montoya Chica
SEEMOON (S. M. CH.)
(Medellín, Colombia - 1967 - )



Psicólogo y Escritor Colombiano, nacido en Medellín en 1967.

Radicado en España desde 2001.

Ha sido director de varias instituciones educativas y privadas en Colombia y España.
Asesor, Formador y Facilitador de procesos de desarrollo humano en empresas e instituciones.

Ha realizado desde 1988 su clínica privada aplicando los criterios y técnicas de la Terapia Breve Estratégica, especialmente de los modelos de Palo Alto California, Arezzo Italia(Modelo de Nardone) y Modelo centrado en las soluciones(De Shazer).

Es Experto en Psicología Transcultural y Master en Terapia Estratégica Breve.

Escritor de varios libros:

- JALIPÚ DE ALVUPI(Los dioses y demonios del conocimiento)

- La Cultura de los Engañados

- Jalipú de Alvupi ATACA DE NUEVO.

- La Espada del Augurio (Cómo administrar la incertidumbre en la gestión humana)

- 11 ideas útiles para estar mejor.

- ¿Algo se podrá hacer, no?

- ¡Te ordeno ser libre!


TIMADO

Ya no sé cómo
descifrar las señales.

Me he quedado
en un punto neutro,
que más que neutro
parece muerto.

Y lo peor no es
la falta de agudeza
sino la falta de ganas.

Me he perdido
y no tengo ánimos
de encontrarme.

Los pequeños gestos,
los guiños, las insinuaciones,
ahora son
como un pozo abstracto,
lleno de nada,
lleno de todo.

Mis esperanzas son pocas.

Miro para adelante y
sólo veo el desierto inevitable
que tampoco me seduce,
es sólo un trámite
que tengo que pasar sin sentido.

Ya sé lo que me encontraré al otro lado,
la muerte, el olvido,
el destierro de mi existencia.

Y eso sería una suerte
porque me temo
que cuando pase este desierto
me encontraré otro,
igual de árido,
igual de insultante,
igual de burlón,
igual de inútil.

Mi mejor baza es encontrarme
cara a cara con la desesperanza.

He perdido la capacidad
para casi todo,
voy con lo puesto,
me mueve la inercia,
pero no mis ganas.

Ahora me pregunto
si las he tenido alguna vez.
Ahora me pregunto
si fui alguien alguna vez.
Ahora me pregunto
si esto que digo, lo digo desde el más allá.

Si estoy vivo,
no siento la vida
y si estoy muerto,
no siento la muerte.

Y si no estoy ni vivo ni muerto,
no siento ni lo uno ni lo otro.

Soy un despojo
de lo que algún día creí ser,
soy un despojo de nada.

Y justo cuando la vida,
o algo así, me regala unos ojos verdes,
pegados a una cara de ángel
que sólo invita al pecado,
yo he perdido la capacidad
de interpretar las señales.

Justo cuando parece que el universo
aún se acuerda de mí,
me encuentra muerto, o algo así.


ANTE NADIE

Rezo por vos y por mí.

Rezo a un dios sordo.

Rezo como último recurso,
como el intento de un condenado a muerte
que se sabe inocente.

Rezo por los dos,
por lo que fuimos
o yo creía que fuimos,
por lo que seríamos
o por lo que yo creía que seríamos.

Rezo ante nadie,
ante una pared blanca
que me desprecia
y se burla de mi desespero.

Rezo y rezo,
pero me falta la fe
del que cree en los milagros.

Rezo despacio,
con la voz muy baja,
gritando y mascullando.

Malditos sean los dioses
por haberte creado;
maldito sea el tiempo
que nos puso en el mismo sueño;
malditos sean mis ojos
por permitir este engaño
y maldita sea mi alma
por dejarse encarcelar.

Bendita seas tú, toda tú,
con tus andares y sabores.

Bendita seas tú,
o la mitad de ti
por dejar que me acercara.

Bendita seas tú,
o un fragmento tuyo,
por hacerme pensar
que un tú y yo
sería un nosotros.

Rezo con el corazón destrozado
de dolor y confusión.

Rezo esperando lo que no vendrá,
a la que no vendrá.

Rezo porque no sé más qué hacer,
aunque bien sé lo que va a pasar: nada.

Este dolor será ahora mi compañero
y tú serás el fantasma
que cada milisegundo
escudriñará con su tridente mis heridas.

Ahora ya lo sé,
no rezo por vos,
lo hago por mí.


ERITREA - YIBUTI


El hambre devora,
tu visión del mundo
pone en perspectiva
los afectos y el respeto.

Cuando los ángeles cantan
y en el horizonte se vislumbra
un atardecer que evidencia
la mano de Dios,
es porque no tienes hambre.

El hambre,
como el filo de una navaja experimentada,
corta los anhelos,
los sentidos de las cosas,
las promesas de redención.

Sólo cuando sientes hambre
descubres tu fragilidad.
perro no el hambre temporal,
entre ingesta e ingesta,
sino el hambre sin esperanzas,
el que empieza a crecer
después del último bocado
que alargas hasta el asco,
sólo porque no sabes
cuándo podrás volver a usar tus mandíbulas.

¡Qué fácil es criticar,
opinar, escribir,
quererse a sí mismo
con el estómago lleno!

Pero con hambre
nuestro depredador interno
recobra su protagonismo
y todo vale lo que cuesta un plato de sopa.

¡A la mierda la ética!

¡A la mierda ese dios
que, celoso, reclama alabanzas
para devolver su absurda bondad
en forma de un paisaje
que no llena el estómago!

¡Qué fácil es amar al otro
y respetar su dignidad
y el bien común
con la barriga llena!

¡Qué estúpidos discursos
nos hablan de planes sociales
para acabar con la desigualdad!

¡Que vacías y estériles
las intenciones de los hacedores de destinos,
de los consoladores
y de las marionetas del sistema
para aplacar la furia del hambre!

¡Qué difícil es todo con hambre!

Hasta la tarea más sencilla
cobra dimensiones descomunales,
hasta dar un paso te duele
hasta que no puedes dar uno más.

Y te quedas inmóvil,
esperando a que del cielo llegue el maná,
pero no llega;
es una leyenda para alimentar
los inocentes corazones de los creyentes.

¡Qué difícil se hace respirar con hambre!

Cada bocanada de aire
provoca un eco aterrador
en el vacío del estómago.

El hambre me está matando,
estoy muriendo de hambre
y no me queda ni un mínimo de fuerza
para remediarlo.



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