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  Bernardo Navia
BERNARDO E. NAVIA L.
(Chillán, Chile - 1967 - )


Bernardo E. Navia L. nació en Chillán (Chile) el 14 de agosto de 1967. Estudió y vivió en diferentes ciudades chilenas, así como también en diferentes países (Argentina, Perú, Puerto Rico y Estados Unidos). Se graduó con una licenciatura en español del Antillan Collage (Mayagüez, Puerto Rico) el año 1990. Posteriormente se trasladó a la ciudad de Chicago, en donde completó su maestría y doctorado en Literatura Latinoamericana. Después de desempeñarse como traductor para diferentes compañías y como instructor de lengua y literatura para diferentes institutos y universidades del área de Chicago, actualmente es profesor asistente de literatura latinoamericana en la Universidad DePaul y es autor y co-autor de varios libros de poemas y cuentos.; así como de numerosos artículos y ensayos en diferentes revistas y periódicos, tanto de Estados Unidos como de Europa y Latinoamérica. 


Defensa

Se me acusa, amable público oyente ,
de haber perdido el rumbo
y el compás de navegante
(capitán o inmigrante)
con que un día me arrojaron
a flotar en las calles.
Y se me acusa también,
a escondidas por supuesto,
y de haber ahogado un libro
desahuciado por los versos
contagiados del insomnio;
y han dicho, queridos oyentes todos,
que no se regar palomas,
ni sé lavar las horas
silenciosas de la noche;
y que ya no sé hablar la lengua
de las hojas en otoño,
ni la de sal de un océano
que lleva ya de ausente
tantos años, por Dios santo.
Queridos miembros
del jurado aquí presente,
no es verdad lo que dicen:
que abandoné en un parque
repleto de las risas
de unos niños que jugaban,
el poema que me dieron
a cuidar y a alimentar
mientras llegaba la primavera;
que, sea  dicho de paso,
ni siquiera me ha llamado
la muy mal educada.
Yo sé lo que les digo:
soy inocente de lo que me acusan,
y del espejo que tengo
y de las voces que aletean
como cartas del olvido
o como pájaros de muerte;
si no creen lo que digo
los invito hasta mi casa,
a que vean con sus ojos
las flores en mis cosas
y la calma en mis zapatos;
a que prueben por sí mismos
la miel de la inocencia
que destilan los juguetes que
que se instalaron en mi casa;
y a que se convenzan
de una vez por todas,
amables señores oyentes,
que no he abandonado el barco
sino que he llegado a un puerto
donde anida la alegría,
y no me halla la tormenta;
un tranquilo puerto
de calma y esperanza
del que ya no he de zarpar,
aunque haya cuervos y sombras
y fantasmas que no duermen jamás,
que muy  de tanto en tanto
les gusta de mí burlarse
y hacerme sangrar
unas llagas que no curan
y me queman todavía, a veces, en el alma.


Resignación

Hay un país hermoso
al que ya no puedo entrar;
con sus playas y sus bosques
y montañas sin tocar
en donde charlan con amor
animales con la luna
y los duendes con el mar.
Y en ese país hermoso
hay también oculto
un castillo de cristal
en donde duerme un  dragón
a los pies de la princesa
o habla con las hadas
una lengua que olvidé.
Y de ese país de ensueño,
al que ya no puedo entrar,
me llega un rumor a veces
escondido entre las voces
de Inti, Leaf y Rain
que hablan esa lengua
que hace años olvidé.
Era frágil y de magia,
y de canciones de color,
como es el país de ellos
al que ya no puedo entrar.

            Agosto, 2011


Secretos

Yo y mi sombra hacemos cosas
de las que la gente
―creo yo, señores―
se ríe callada

Esperamos silbando un tranvía de niebla
y calendario empolvado
que no pasa nunca;
o brindamos callados
como secreto de novia
por los pasos perdidos
en madrugadas heladas
de bares marchitos
por brisas de nostalgia inmigrante
e impotencia “ilegal”;
también escribimos,
muy de vez en cuando por cierto,
cartas de amor y silencio obcecado
por los sueños no habidos,
por palabras que nunca
quisieron volar;
por las cosas de siempre,
por las risas de amigos,
y por tus labios untados
en vértigo y olvido
que se fueron a jugar
con mis otras memorias
a la orilla del mar.


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